Lo que el espíritu calla
Dec 3, 2025
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Seeking
Visibility
No logra callarlo el cuerpo y es él quien nos habla. Es nuestro puente para lograr descifrar lo que somos. Porque es la voz del espíritu. En él, nuestro espíritu pinta y somos una colcha de retazos. Somos un grandioso misterio cargados de historia y de vidas. Traemos con nosotros la vida nuestra, que es a su vez la vida de cada uno de nuestros ancestros y con ellos, sus historias, sus dolores, sus amores, sus alegrías, sus tristezas, sus miedos.
Somos una historia, mil historias, y nuestro cuerpo carga con el peso de todas ellas y, aunque soltarlas sea nuestro reto, mientras lo hacemos, deambulamos en este mundo y en nuestro mundo, intentando descubrirnos, develarnos, encontrarnos, perdernos, buscarnos, para tratar de unir nuestras piezas, las piezas de los otros y así, en un momento único, hacer un click con el mundo en el que nos sentimos completos.
La plenitud de mis días no es eterna. La inmensa gratitud que siento de habitarme en la paz que me rodea suele también verse alterada por el caos. Él llega como un recuerdo, como un latido de otros tiempos, como el sonido de esos tambores que a lo lejos me recuerdan en ese valle mientras estoy con mis lobos, que los míos ya todos se fueron. No hay paz absoluta, pero procuramos encontrarla en los pequeños y diminutos instantes de nuestro espíritu mientras observamos un atardecer, olemos una rosa o cuidamos con amor de quienes algún día cuidaron de nosotros con dedicación y esmero.
Lo que el espíritu calla, siempre nos alcanza y nos deja sin aliento. Es inevitable. No hay a dónde ir ni dónde escondernos de lo que él nos quiere decir. Y hay veces que nos lo dice durito. Ni tiene que gritar. Es tan solo un susurro frío y sutil que se nos cuela por entre las rendijas del alma y hace con nosotros algo así como un ocho, algo tan parecido al infinito, pero tan distinto porque simplemente sentimos que somos finitos y que ese nudo en la garganta no es más que la voz del espíritu queriendo gritar cuando ni pude respirar.
Lo que el espíritu calla, el cuerpo lo recibe y es su medio, su canal, su vía, su punto de encaje con el mundo sutil en donde la noche oscura de nuestra alma encuentra el camino para hablarnos en ese idioma tan único y tan universal y que todos los humanos tenemos en común. No hay cultura que no entienda el lenguaje del cuerpo. Lo reconocemos aún sin palabras y en nuestras miradas se funde esa historia milenaria de quienes viajaron con nosotros por entre las cuevas y las estepas cuando aún éramos un animal más.
Lo que el espíritu calla es esa voz que somos. Esa que no puedo silenciar y que cuando intentan silenciarme sale la loba que me habita. Y aunque muchas veces lo lamente, ya nunca más volví a sentir esa opresión en el pecho que sentí muchas veces cuando fui callada y silenciada desde adentro. Desde entonces dije: "Nunca más", y dejo salir inclusive hasta todas mis barbaridades sin filtro, costándome relaciones, amores y desamores. Pero así lo prefiero, porque lo que mi espíritu calla luego me lo cobra en mi propio cuerpo.
¿Qué nos dice nuestro espíritu mientras viajamos por esta vida llena de misterio y también de dulzura? Qué lenguaje tan extraño el que pareciera tener, pero a la vez tan sencillo y certero. No titubea, va directo al punto exacto de nuestra energía en donde nos bloquea para que seamos capaces de hablar, de hacer, de decir, de estar, de permanecer. Sencillo. Pero nuestra resistencia es el alimento que le da vida a eso que llamamos enfermedad, pero que no es más que la visibilización de lo que nuestro espíritu nos quiere decir y nosotros no queremos entender. Respira, todo está conectado.
Lo que el espíritu calla, el cuerpo lo siente.
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